ADOLESCENCIA Y FAMILIA 

Estás en la flor de la juventud, hemos escuchado decir cuando alguien se refiere a esa maravillosa etapa de la adolescencia y sin lugar a dudas, sí que es hermosa; es la etapa de los sueños, de las ilusiones, de las metas; pero también es la etapa de los errores y los desaciertos, las imprudencias y los conflictos en el hogar.

Cuantas discusiones se habrán tejido en el seno familiar, que con el paso de los años son solo recuerdos del ayer; de un ayer glorioso con sabor a vida y a hogar, que hasta como hijos terminamos reconociendo que papá y mamá tenían razón, y como padres, que no hubo nada más rico y placentero  que educarlos.

Es sin duda una tarea ardua y maravillosa que en muchos casos no es valorada y vivida en plenitud; encontramos  padres despreocupados e hijos desagradecidos, descuidando el gran tesoro que en nuestras manos ha puesto el Señor; es por eso que como madre y esposa ruego a Dios nos conceda el milagro de defender la vida en todas sus manifestaciones y que en el ocaso de nuestra historia,  no nos sorprenda la conciencia recriminándonos el no haber amado o valorado lo un día tuvimos y que ante el misterio lacerante de la muerte  ya nada podamos hacer.

La vida se construye  en el aquí y en el ahora de nuestras familias y de nuestros hogares. Criar y educar nuestros hijos no es solo una bendición, sino un deber y tarea ante Dios y ante la sociedad; y para nuestros hijos, que por fin entiendan que no habrá en el mundo una persona más idónea y capacitada para darles un consejo, que sus propios padres; pues un buen padre o madre siempre quiere el bien  para sus hijos.

LILIAN MACHADO LOPEZ